En nuestra empresa de trabajos en altura en Alicante, nos sentimos profundamente orgullosos de ser un referente en el sector de las intervenciones aéreas en la provincia.
Con una trayectoria que abarca años de servicio y un equipo de profesionales formados en las técnicas más exigentes, nuestra rutina diaria se centra en resolver desafíos en fachadas, tejados y estructuras elevadas. Garantizamos ejecuciones seguras y precisas para esas situaciones donde se requiere acceder a puntos complejos sin comprometer la integridad de los edificios o la seguridad pública.
Nuestra especialidad es la intervención en alturas críticas. Este servicio resulta indispensable cuando comunidades de vecinos, empresas o administraciones enfrentan urgencias como reparaciones tras temporales, limpieza de cornisas en edificios patrimoniales o instalaciones técnicas en torres de difícil acceso.
El sistema SATE consiste en aplicar un aislamiento térmico por el exterior de la fachada, mejorando la eficiencia energética del edificio y aumentando el confort interior.
Las impermeabilizaciones protegen cubiertas, terrazas y fachadas frente a filtraciones de agua, evitando humedades y alargando la vida útil del edificio.
Los trabajos verticales permiten realizar tareas en altura sin necesidad de andamios, siendo ideales para fachadas, patios interiores y zonas de difícil acceso.
El martes pasado se voló una cornisa en mi comunidad con el levante. Llamé a las 8am, y para las 10 ya tenían dos técnicos colgados del edificio con esos arneses que dan vértigo mirarlos. Lo que más me alucinó: mientras reparaban la junta, uno me explicó desde el andamio por qué el cemento original se despegó (¡el salitre de aquí es cabrón!). Arreglado en tres horas sin levantar polvo. Mi mujer les llevó café con gotas de anís, jaja
Contratarlos fue por puro pánico. Tengo un balcón en 4ª planta con barandilla oxidada que temblaba. Vinieron dos chavales (Pablo y Dani, creo), midieron el espesor del hierro con un aparato, y me dijeron: ‘Doña Carmen, esto aguanta menos que un chiringuito en octubre’. Soldaron unos refuerzos ocultos que ni se notan. Ahora hasta me asomo a ver los limoneros sin miedo. Eso sí, casi me da un infarto viéndolos colgados… ¡pero iban tan tranquilos!
Necesitábamos cambiar las lámparas de la nave (15m de altura). Otros nos pedían grúas carísimas. Estos locos llegaron con mochilas de cuerdas, se encaramaron por las vigas como monos, y en dos horas tenían todas las luces nuevas. Lo mejor fue cuando el jefe (un tío con cara de pocos amigos pero manos de oro) me dijo: ‘Mire, esa viga tiene una fisura aquí donde no se ve. Si no la soldamos, en un temporal se os cae el techo’. Arreglado por 80€ más. Gente que sabe lo suyo.
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Llevamos más de 20 años colgados de fachadas en la Explanada, reparando cornisas en el casco viejo y escalando silos en el Campo de Elche. Sabemos que el levante dobla los andamios, que el salitre carcome los anclajes y que una gota fría moja hasta los huesos. Por eso nuestros protocolos de seguridad incluyen lo que otros olvidan: chequeos diarios de cuerdas, anclajes específicos para piedra caliza y retirada express ante rachas de viento.
No somos bomberos ni cirqueros. Somos técnicos con certificaciones EN 795 y formación anual en rescate vertical. Pero lo que realmente nos define es que jamás subimos solos: cada intervención tiene un jefe de línea en tierra, comunicación por radio cada 3 minutos y planes de evacuación probados.
Te entregamos un presupuesto desglosado con fotos de los puntos críticos y coste de materiales con marca visible. Si al subir a tu tejado en Playa de San Juan vemos un problema imprevisto (como esas vigas podridas que esconde la teja árabe), paramos, te llamamos y te mostramos la grieta con nuestra cámara termográfica. Nunca cobraremos un euro extra sin tu firma en el parte. Y si tras la intervención una ráfaga de levante mueve una teja, volvemos sin discutir: nuestra garantía de 5 años no tiene letra pequeña, solo DNI y apellidos.
Si el temporal ha arrancado tejas en la Explanada o una cornisa cruje en el Casco Antiguo, nuestros equipos actúan en menos de 90 minutos. Llegamos con sistemas de anclaje para piedra caliza (esa que sangra salitre en el Cabo) y membranas temporales que aguantan rachas de 80 km/h. Como en el edificio de la calle San Fernando: tras la última gota fría, tuvimos operarios colgados a las 3am con focos de campaña.
No espere a que caiga un balcón en Benalúa. Nuestro chequeo técnico vertical detecta corrosión en barandillas, fisuras traicioneras en voladizos y anclajes carcomidos por la sal. Usamos cámaras termográficas, pértigas de ultrasonidos y ese ojo clínico que solo dan 15 años recorriendo azoteas de la Playa de San Juan al barrio de Carolinas. El año pasado, descubrimos 43 vigas podridas que los arquitectos no vieron.
Lavamos cristales en rascacielos de la Gran Vía, retiramos nidos de palomas en aleros de San Nicolás y barremos musgo de tejas árabes en Santa Cruz. Todo con técnicas sin agua para edificios históricos y robots de pértiga para naves industriales de El Campello. Nuestro secreto: mezclamos presión controlada con la paciencia de un relojero suizo.
Colocamos antenas en chalets de la Sierra de Aitana, montamos toldos en áticos de la Costa Blanca y tendemos cables en fábricas de Sant Vicent. Siempre con cálculo estructural previo (no improvisamos pesos) y equipos certificados para pendientes imposibles. Como aquella grúa meteorológica en el Puig Campana: la instalamos a 1.200 metros con viento de poniente.
Porque nuestra vida pende de esos anclajes. Usamos cuerdas de doble tensión con alma de kevlar (no las baratas de poliéster que se rajan con el salitre), puntos de fijaje certificados para piedra caliza alicantina, y revisamos cada mosquetón antes y después de cada servicio. Además, no’s jugamos el tipo: el jefe de línea en tierra tiene poder para parar cualquier operación si el levante supera los 72 km/h. Como en aquella reparación en el Campanario de San Nicolás: abortamos el trabajo 3 veces en un día hasta que el viento cedió.
La piedra Bateig de la Explanada o los azulejos del Mercado Central no se tocan con técnicas de chapuza. Nos especializamos en andamios colgantes no invasivos: armazones de aluminio con apoyos de neopreno, pértigas de precisión para limpieza sin agua, y morteros de reposición analizados por el IVCR+i. Hace dos meses, restauramos una cornisa en el Casco Viejo sin dejar ni un arañazo en la piedra del siglo XIX – el Ayuntamiento tiene las actas.
Cuando la gota fría arrecia, tenemos equipos de guardia con furgonetas equipadas: bombas de achique para azoteas inundadas, lonas de alta resistencia para tejados abiertos, y selladores químicos que fraguan bajo lluvia. El récord lo batimos en Dénia: 13 minutos para cubrir una cubierta industrial destrozada por granizo, evitando que la nave se anegara. Eso sí, solo actuamos si el viento baja de 50 km/h: la seguridad no se negocia.
Porque sabemos dónde esconde Alicante sus trampas. Revisamos juntas de dilatación en torres modernistas, corrosión bajo remates de plomo, y vigas podridas ocultas por falsos techos con endoscopios de 2mm. Usamos termografía para localizar humedades activas en paramentos verticales – como en el edificio de la calle Bailén, donde hallamos un nido de humedad que llevaba 5 años pudriendo un forjado. Nuestro informe incluye vídeos desde alturas críticas: usted ve lo que vemos nosotros.
Implementamos sensores IoT en estructuras para detectar cambios mínimos en carga o vibraciones durante intervenciones, anticipando fallos que escapan a revisiones estáticas. Esta tecnología evita reacciones tardías a variaciones impredecibles en edificios antiguos o corrosivos, transformando datos en acciones preventivas.
Diseñamos flujos de trabajo que minimizan decisiones complejas bajo estrés, reduciendo errores humanos en entornos vertiginosos. Mediante simulaciones de realidad virtual, entrenamos respuestas automáticas ante imprevistos, atacando la raíz del pánico o distracción, no solo equipando con arneses.
Optimizamos trayectorias de desplazamiento vertical usando algoritmos de eficiencia cinética, disminuyendo un 40% el tiempo de exposición a riesgos. En restauraciones de patrimonio, esta metodología preserva estructuras frágiles al evitar oscilaciones innecesarias, donde otros priorizan velocidad sobre conservación.
Coordinamos con fauna urbana (como nidos de vencejos en edificios) mediante barreras bioactivas que disuaden sin dañar, evitando interacciones peligrosas durante trabajos. Este enfoque ecológico previene accidentes por fauna inesperada, integrando biodiversidad alicantina en planes operativos.